
La caza una actividad que desde el punto de vista del ocio se ha venido desarrollando en sociedades avanzadas desde hace muchas décadas, bien sea a través organizaciones locales de cazadores o sociedades de caza de nuestros pueblos, la caza como puro producto mercantil ha vivido en los últimos años una expansión espectacular.
La figura del viajero – cazador , ha estado reservada hasta hace “pocos dias” solo a las clases sociales más adineradas que con la motivación de cazar han viajado por medio mundo buscando los trofeos mas exóticos teniendo a Africa como el destino cinegético por excelencia de ricos europeos y norteamericanos. Entrado los años 90, al igual que Curro del Halcón Viajes acercó el Caribe al españolito currante, los aficionados al noble ejercicio de la caza, descubren que existen los llamados destinos cinegéticos en sus múltiples variedades: Sudáfrica o Namibia en Africa para los valiosos trofeos africanos, Argentina para los aficionados a la caza de tórtolas, Escocia, Hungria, Polonia para los corzos y así un largo etcetera de destinos tantos como especies cinegéticas existen.
Empresas de todo tipo se han apuntado al carro de organizar cacerias en el extranjero, desde la contratación de los medios de transporte, alojamientos, traslados, intérpretes y las propias cacerias, sin tener en la capacidad técnica ni las coberturas legales obligatorias en España para gestionar viajes independientemente de la motivación que los produzca o sea que no son agencias de viajes legalmente establecidas.
Con el actual panorama de reducción de comisiones, las guerras de precios y todas las espadas de Damocles que penden sobre el sector, creo que las agencias de viajes deberian ocupar el espacio que les corresponde por ley y no renunciar a un producto y un segmento de demanda tan interesante a nivel económico que mueve muchos cientos de millones de euros al año en España .